PROBAMOS EL PIXEL 2 XL

La papeleta para Google no es fácil. Llega con sus teléfonos en octubre. Prácticamente la totalidad de las marcas, como se ha venido comentando estos días, han puesto sus avances ya sobre la mesa desde hace meses. Por si fuera poco, los de Mountain View han absorbido parte del negocio de móviles de HTC, lo que añade morbo al asunto, a pesar de que no se puede esperar aún fruto alguno de esta compra. Las filtraciones -también podíamos llamarles revelaciones corporativas prematuras, que la compañía es responsable de varias de ellas- habían diseccionado el Pixel 2 y su hermano mayor el Pixel 2XL al dedillo antes de la presentación oficial de este miércoles. Se conocía lo que iba a salir de la chistera. Complicados ingredientes para arrancar un ‘Wow’, ese efecto tan deseado cuando alguien lanza algo en el mundo de la electrónica de consumo.

Vista del Pixel 2 XL

Y Google, pese a todo, lo ha conseguido. En el primer contacto que hemos tenido en Teknautas con este teléfono da la sensación que acierta en (casi) todo. Algunos de los errores que dejan mal sabor de boca más que al terminal hay que achacárselos a la incomprensible política de la compañía frente a España. Solo llegará un modelo de 64 GB, en blanco y negro. Nada del de 128 GB. Y nada del hermano pequeño. Y en la conversión de precios salimos, hablando en plata, palmando pasta. Si en EE UU el precio de salida es de 849 dólares a este lado del océano tendremos que desenfundar la tarjeta para apoquinar 950 euros.

El ’90-60-90′ del Pixel 2 XL

Pero ya hablaremos del coste más adelante. El Pixel 2 XL es un claro candidato a teléfono Android del año. ¿Por qué? Diseño, pantalla y cámara. Pilares en todo teléfono que se precie. Puntos vitales en los que este primer examen, a falta de una revisión más exhaustiva, sale muy bien parado.

Empecemos por el exterior. El armazón del Pixel 2 XL tiene personalidad. Ha seguido la línea que inició su predecesor, aunque la ha refinado. Su espalda tiene dos acabados: de cristal templado y aluminio (con resistencia IP 67). Además de darle un acabado más que agradable al tacto (no hablaremos de las huellas, que parece un pecado insuperable por todo el gremio) lo cierto es que consigue un estilo y ‘rostro’ identificable, algo que no siempre se alcanza a la hora de crear un dispositivo nuevo.

FUENTE Y LEER MAS: ELCONFIDENCIAL.COM

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